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miércoles, 18 de mayo de 2011

SABER ELEGIR


EN VISTA A LAS PRÓXIMAS ELECCIONES
La cuestión es saber elegir

Por Juan de Dios González

En los políticos, que se presentan de modo seductor, yace un estilo de mendicidad; convierten a menudo la verdad en mentira; atesoran la verdad pero... constantemente la tergiversan. Utilizan el entendimiento para destruir la razón, carecen de sinceridad y mediante la dialéctica alteran el sentido de las palabras.

Esta clase de políticos, que luego se adueñan del poder, monopoliza el lenguaje del mando sin poder fáctico, están solamente en la búsqueda de una eficaz sofística, tienen por suficiente el entendimiento pero... sin la razón.

La habilidad con que se abren paso gracias a sus codos, solo es superada por la vital brutalidad con que, llegado el caso, saben valerse de ellos para ascender o perdurar en la estructura del poder.

Sus rostros siempre risueños y augurantes de prosperidad, ocultan tras su jovial apariencia la falta de seriedad con que manejan la cosa pública. En vez de pronunciar palabras de manera entendible y dúctil, gritan con estilo enigmático gozando con su notoriedad y operando caóticamente en lo inestable, escribiendo la historia en arenas movedizas, mediante lo que suponen una acción de administración y gobierno.

Cuando se considera a la política como lo absoluto de la realidad humana, cuando se politizan todos los actos y cuando el pensar analítico de Maquiavelo desciende hacia un inescrupuloso maquiavelismo, quebrantando la moral y el derecho, la verdad y el amor, la existencia y la trascendencia; nos transbordan directamente hacia un totalitarismo político.

El auténtico hombre de Estado se destaca por el amplio sentido de la idea moral y el altruismo de los individuos, El legítimo político no presiente, sino más bien sabe; no tiene únicamente en cuenta el origen del altruismo y la magnanimidad actuante en el afán de libertad y justicia; además, cuenta con dichos atributos, sin convertirlos por ello en un instrumento grosero de la política.

El hombre de Estado siempre tiene a la vista el hecho de que no están en juego sus propios intereses, sino los intereses de los demás. El político auténtico no exige, sino despierta confianza; no se toma el trabajo de orientar o alinear al electorado, lo cautiva con sus idoneidades y aciertos.

Si el ciudadano común actúa de manera irreflexiva al momento de elegir al candidato para que lo represente y gobierne, indefectiblemente se encamina al sometimiento, es prácticamente entregarse al totalitarismo.

Con estas palabras no se pretende agitar a favor o en contra de una elección; todo conocimiento o experiencia que se difunde lleva siempre algún provecho a la sociedad; el que aprende por si mismo, aprende a fuerza de errar; y los errores se pagan siempre.

Con estas palabras simplemente procuro hacer adquirir conciencia, teniendo en cuenta que el futuro de los argentinos depende de la responsabilidad con que cada uno de nosotros decida emitir su voto en las próximas elecciones.

Téngase en cuenta la existencia de políticos que quieren adeptos que los sigan, otros herederos que los prosigan, no para satisfacer las necesidades del conjunto sino para saciar sus propias apetencias y mezquindades y; que también existen hombres y mujeres de recta conciencia, con grandeza en sus almas, generosidad en sus sentimientos y con abnegación en sus sacrificios, dispuestos a orientar todas sus cualidades, experiencias y virtudes hacia el logro del bien común y la grandeza de nuestra Nación.

La cuestión es saber elegir, pero pareciera que los argentinos padecemos el “Síndrome de Estocolmo”, ese estado psicológico en el que la víctima de secuestro, o persona sometida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador. En el caso que tratamos, sería una sociedad atrapada contra su voluntad por una corriente política que la desmerece y atribula, sociedad que luego termina siendo encubridora del poder al ofrecerle la posibilidad de continuar dirigiendo su destino, cada vez más nebuloso y oscuro.

La cuestión... la cuestión es saber elegir, pero para ello, es necesario que existan claras propuestas y no sucias o infaustas finalidades detrás de especuladoras promesas y que el soberano esclarecido sepa colocar en la urna un voto que le asegure libertad, bienestar y un futuro venturoso para él, sus descendientes y de nuestra decaída Patria.

Posdata: La cuestión es saber elegir, pero la opción debe estar conformada por decorosos postulantes... ¿los hay?

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